domingo, 31 de octubre de 2010

Jaime Sabines

En la foto: Yo

Entonces se enviaban suspiros en las rosas,
besos-palomas de balcón a balcón.
Pero la sucia noche revolvía alfileres,
sábanas, rezos, cruces, luto de amor.

Caras agrias, en sombra, el deseo encendió.
(Cuántos hijos tirados en paredes,
pañuelos, muslos, manos, por Dios!)

muro de agua, la angustia, se levantó.
Humo rojo en mis venas. Transfigurado cielo.
De polvo a polvo soy.

sábado, 30 de octubre de 2010

Conversación con el Borracho

Por Franz Kafka
El texto ha sido extraído de una edición de 1977 de la editorial y librería Goncourt. La traducción del alemán es de Oscar Caeiro.


Cuando a cortos pasos salí de la puerta de calle fui tomado de sorpresa por el cielo con luna y estrellas y gran bóveda y por la plaza de armas con ayuntamiento, imagen de María e iglesia.
Salí tranquilamente de la sombra hacia la luz de la luna, me desabotoné el sobretodo y me calenté; luego, levantando las manos, hice callar el ruido de la noche y comencé a reflexionar:
—Pero qué es eso, hacéis como si existierais realmente. ¿Queréis hacerme creer que yo soy irreal, parado aquí cómicamente sobre el pavimento verde? Pero, con todo, hace ya mucho tiempo que eras real, ¡oh cielo!—, y tú, !plaza de armas, nunca has sido real.
—Es cierto, seguís siendo superiores a mi; pero sólo cuando los dejo en paz."
—A Dios gracias, luna, ya no eres luna; pero quizá es descuido de mi parte que a ti, la llamada luna, te siga llamando luna. Por qué ya no eres tan soberbia si te llamo "olvidado farol de papel con un color raro". Y por qué te retiras casi del todo si te llamo 'imagen de María', y ya no reconozco tu actitud amenazadora, imagen de María, si te llamo 'luna que proyecta luz amarilla'."
"Pero parece real que no os hace bien si se reflexiona sobre vosotros; perdéis valor y salud".
"Oh Dios, ¡qué ventajoso tiene que ser que el que reflexiona aprenda del borracho!"
"Por qué se ha quedado todo quieto. Creo que ya no hay viento. Y las casitas, que frecuentemente ruedan sobre la plaza como si estuvieran montadas sobre pequeñas ruedas, se han quedado bien fijas. Quieto... Quieto... No se ve la línea delgada, negra, que otrora las separaba del suelo".
Y me puse en movimiento. Y caminé sin obstáculo tres veces alrededor de la gran plaza, y como no encontré a ningún borracho, caminé, sin disminuir la velocidad y sin sentir cansancio, hacia la calleja Karl. Mi sombra se movía, con frecuencia más pequeña que yo, juntó a mi sobre la pared, como si estuviera en un desfiladero entre el muro y el fondo de la calle.
Cuando pasé delante del edificio de los bomberos oí un ruido que venía de la pequeña plaza de armas, y cuando doblé por ahí vi a un borracho que estaba parado junto a la reja de la fuente: tenía los brazos levantados horizontalmente y golpeaba la tierra con los pies, que estaban calzados con pantuflas de madera.
Primero me quedé parado, para hacer que mi respiración se tranquilizara; después fui hacia él, me quité la galera de la cabeza y me presenté:
"Buenas noches, delicado caballero, tengo veintitrés años, pero todavía no tengo nombre. Pero usted viene seguramente con un nombre asombroso y hasta cantable de esta gran ciudad que es París. El olor totalmente antinatural de la resbaladiza corte de París lo envuelve a usted".
"Usted ha visto seguramente con sus ojos coloreados a esas grandes damas que ya están sobre las elevadas y luminosas terrazas, dándose vuelta irónicamente sobre su delgado talle, mientras que la punta de la pintada cola de su vestido, extendida también sobre la escalera, permanece todavía sobre la arena del jardín."
"No es cierto; sobre largas vigas, repartidos por todas partes suben sirvientes vestidos de fraques grises de atrevido corte y pantalones blancos, las piernas puestas alrededor de las vigas, pero el tronco a menudo echado hacia atrás y al costado; pues tienen que levantar con cuerdas gigantescos lienzos grises y tenderlos en lo alto, porque la gran dama desea una mañana nublada". Como él eructó, dije yo casi espantado: "¿Realmente, es cierto, viene usted de nuestro París, del tempestuoso Paris, ay, de esta entusiasta granizada?" Cuando él volvió a eructar dije confundido: "Lo sé, es para mí un gran honor". Y me abotoné el sobretodo con rápidos dedos; luego hablé con fervor y timidez:
"Ya sé, usted no me considera digno de una respuesta; pero yo habría tenido que pasar una vida lamentable si no lo hubiera interrogado hoy día."
"Le ruego, elegante señor, es cierto lo que se me ha contado. ¿Hay en París gente que sólo consta de trajes adornados, y hay allí casas que meramente tienen portales, y es cierto que en los días de verano el cielo es fugitivamente azul, embellecido sólo por comprimidas nubecillas blancas, todas las cuales tienen la forma de corazones? ¿Y hay allí un gabinete de figuras de cera con gran concurrencia, en el cual se encuentran sólo árboles con los nombres de los más famosos héroes, criminales y enamorados, en pequeños letreros que cuelgan?"
"¡Y luego esta noticia! ¡Esta noticia manifiestamente falsa!"
"No es cierto: estas calles de París se han ramificado súbitamente; están intranquilas, ¿no es cierto? No siempre está todo en orden, ¡cómo iba a ser posible! Ocurre de pronto un accidente; la gente se junta, procedente de las calles laterales, con el paso propio de las grandes ciudades, que sólo toca un poco el pavimento; a causa de la decepción todos sienten curiosidad, pero también miedo; respiran rápido y adelantan sus pequeñas cabezas. Pero cuando se tocan entre sí, se inclinan mucho y piden perdón: 'Lo siento... Fue sin intención ... El tumulto es grande, perdone, se lo ruego... Fue muy torpe de mi parte... Lo reconozco. Mi nombre es... Mi nombre es Jerome Faroche, vendedor de especias en la calle du Cabotin... Permítame que lo invite mañana, para almorzar... También mi mujer va a tener un gran gusto... Así hablan, mientras la calleja está ensordecida y el humo de las chimeneas cae entre las casas. Así es. Y sería posible que alguna vez en algún animado bulevar de algún barrio, aristocrático se detuvieran dos coches. Servidores abren seriamente las puertas. Ocho nobles perros siberianos de montaña bajan bailoteando y corren ladrando y dando saltos por la calzada. Y entonces se dice que son elegantes jóvenes parisienses disfrazados."
Tenía los ojos firmemente cerrados. Cuando me callé, se puso las dos manos en la boca y se tiró de la mandíbula inferior. Su traje estaba totalmente manchado. Quizá se lo había expulsado de un bodegón y no se daba cuenta todavía de ello.
Era quizá esta pausa pequeña, muy tranquila, que hay entre el día y la noche; cuando la cabeza, sin que lo esperemos, cuelga, de la nuca; y cuando todo, sin que lo notemos, se queda quieto porque no lo observamos, y luego desaparece. Mientras nos quedamos solos con el cuerpo doblado nos damos vuelta después; pero ya no vemos nada y ya no sentimos ninguna resistencia del aire; pero interiormente nos aferramos al recuerdo de que a cierta distancia de nosotros hay casas con techos y, a Dios gracias, chimeneas angulosas a través de las cuales la oscuridad penetra en las casas, por la buhardilla hacia las más distintas habitaciones. Y es una suerte que mañana vaya a ser un día en el cual, por increíble que sea, se podrá ver todo.
En ese momento el borracho levantó las cejas, de tal manera que entre ellas y los ojos surgió un brillo, y explicó intermitentemente: "Así es, en efecto ... Estoy en efecto con sueño, por eso voy a dormir.. . Tengo en efecto un cuñado en la plaza Wenzel... Voy hacia allí, pues allí vivo, pues allí tengo mi cama... Ahora voy... Sólo que, en efecto, no sé cómo se llama ni dónde vive ... Me parece que lo he olvidado... Pero no importa, porque ni siquiera sé si tengo realmente un cuñado... Ahora voy, en efecto... ¿Cree usted que lo voy a encontrar?
Repliqué sin pensar: "Eso es seguro.
Pero usted viene del extranjero y su servidumbre no ha de estar en su casa. Permítame que lo lleve."
No contestó... Entonces le alcancé mi brazo para que se colgara de él.

FUEGUITOS

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos.



Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende. "


Eduardo Galeano El libro de los abrazos (fragmento)

Yo Quisiera Ser

Yo quisiera ser el que siempre esté en tu mente,
más el que penetre en tu corazón latente,
ese que nunca va a estar ausente
y siempre será contigo deferente.
Yo quisiera ser ese que nunca va a lastimarte
sino el que va a quererte y siempre respetarte,
ese que esté ahí para escucharte
y que cada día logre poder enamorarte.

Yo quisiera ser en quién pienses al tus ojos abrir,
al que llames para tus cosas compartir,
ese que te haga feliz,sea capaz de hacerte vivir
y el que el amor te ayude a redescubrir.
Yo quisiera ser una persona especial para ti,
alguien importante como lo eres tú para mí,
ese que siempre estará ahí para ti
en cualquier momento,día o noche,así.

Yo quisiera ser el chico que para ti es el ideal,
el que cada día que pase un poco más te pueda conquistar,
ese que contigo siempre será él,o sea real
y el que si un día se da la oportunidad te podrá enamorar.
Yo quisiera ser ese que quieras más allá de una amistad,
el que de verdad pueda llenarte de felicidad,
ese en quién confíes,ese que te hable con sinceridad
y que cuando estés con él te sientas en libertad.

Escrito Por: Yamil Montalvo

Duelo nacional

El duelo nacional es un día o grupo de días dedicados a tareas de duelo, memoria o reflexión por una muerte de trascendencia para todo el país. Puede ser en recordatorio de la muerte de una persona de gran importancia, ya sea nacional o extranjera, o en recordatorio de alguna clase de catástrofe en la cual haya habido un gran número de muertes. El duelo puede tener lugar inmediatamente después de la muerte en cuestión, o en un aniversario de la misma.
Un duelo nacional es un día no laborable, sólo lo es si es declarado explícitamente como tal.
 

cortazar

I
Tiempo hueco barato
parte donde guitarras blanda
se enredan en las piernas
y mujeres sin rostro
sin senos ni pestañas
con el vientre de piedra
lloran en los caminos.

Ah giro de los vientos
sin pájaros sin hojas
los perros boca arriba
olfatean en vano
un material desnudo
de fragancia y contento
un aire sin perdices
sin tiempo sin amigos
una vida sin patria
un silencio de látigo
que ni siquiera azota

II
El río baja por las costas
con su alternada indiferencia
y la ciudad lo considera
como una perra perezosa.

Ni amor, ni espera, ni el combate
del narrador contra la nada.
Con languidez de cortesana
mira a su río Bueno Aires.


El tiempo es ese gris compadre
pintando allí sin hacer nada.